Las palabras nos evocan gritos y silencios, mueven almas, mueven
pasiones. Las acciones convocan y contagian de vida y esperanza. Cuántas
ilusiones se arremolinan en los sueños de justicia, en los rostros que
impulsados por la angustia se desgarran en las calles, en las plazas públicas,
en el contacto horizontal y fraterno.
Me han preguntado ¿Qué me provoca ser 132? ¿Qué se mueve en mi corazón?
4 sentimientos básicos:
Alegría y gozo se me derraman. Por vernos caminar, por escuchar nuestras voces
altas, las pancartas en donde se expresa el mundo y la convicción de que una
consigna bien formulada puede transformar la realidad entera. Alegría por
juntarnos, compartirnos, desvelarnos, soñarnos conquistando lazos, abrazos,
alegría por ser parte de un movimiento histórico mundial. Gozo por construir
verdades, pluralidades, gozo por vernos más despiertos, por mirar más allá de
nuestras propias narices, gozo por reconocernos y aceptarnos tan distintos y al
mismo tiempo tan cercanos. Como dicen mis compañeros: Preferimos marchar
que marcharnos, salir a marchar que marchar a la salida.
Dolor e indignación, sentimientos tan legítimos como sus opuestos.
Dolor de ver el hambre mitigada y comprada por unos pesos o cualquier ganga,
dolor por ver sangrar al pueblo, dolor por los que callan, dolor por los que la
realidad ya no les dice nada. Indignación por los que se ríen en nuestra cara,
por su desfachatez, su hipocresía, por los que manipulan, engañan, arrastran,
duermen con sus palabras. Indignación por los que han asociado a la persona con
la herramienta, indignación por los que con su poder se sientan cruzados de
brazos a contar su dinero cada mañana. El sentimiento esencial del
movimiento estudiantil es el de la indignación y su tarea esencial, es la
denuncia.
¿Qué nos inspira?
Nos inspira la calle, el obrero, el indígena, las víctimas de la
violencia, la historia de los olvidados, de los siempre derrotados de nuestro
país, de los que salen del ostracismo, la vida de los que no callan, de los que
siguen hablando aun después de muertos. Nos inspira el deseo de apropiarnos del
poder, de las decisiones y las elecciones, nos inspira el deseo de que haya
justicia real, libertad real.
¿Qué nos interesa?
Nuestra movilización está motivada más por valores y deseos que por
intereses.
Deseamos apropiarnos de la cultura, de nuestro espacio y nuestro tiempo,
ser portadores de un nuevo orden social, de valores, de poder ciudadano, de
nuevas formas de pensamiento y asociación. Deseamos que los actores
sociales seamos capaces de dar sentido a nuestra propia historia, que miremos
al otro, al prójimo como hermano o hermana, que demos la vida por él o ella.
Por último, también me han preguntado ¿En qué creo?
Creo en la posibilidad de construir un nuevo lenguaje entre todos, donde
se incluyan todas nuestras palabras silenciadas. Creo en el trabajo colectivo.
Creo en la necesidad de poner el énfasis en estar a favor de algo que estar en
contra, creo en la necesidad de exigir, de gritar si es necesario, de
protestar, de proponer, creo en la ruptura con los límites de compatibilidad
con el sistema para modificar sus estructuras. Creo en la rebeldía que contempla
el mundo y desea cambiarlo y pone su fe en ello. Creo en las ideas individuales
y colectivas que procuran el bien común. Creo en la desobediencia civil, la
resistencia pacífica, en la expresión lúdica de nuestra indignación en
oposición a la manipulación, el control y la imposición.
Creo en nuevas vías para la realidad y el actuar. Creo en los
movimientos que se nutren de lazos de hermandad y solidaridad entre ciudadanos
y compañeros, de la confianza y el amor entre colegas, del respeto entre
hombres y mujeres. Creo en la Humanidad.
Daniel Vargas
Ponencia “Inspiración del Movimiento #YoSoy 132” en el Diálogo
Multicultural Universal.
Guadalajara, Jal.
Jueves, 30 de agosto de 2012
Comentarios