Santiago de Chile, 28 de abril de 2019.
Muchas gracias a todas las personas que se dieron un tiempo para felicitarme por mi cumpleaños. Ayer pasé un bonito día en compañía de mis hermanos jesuitas y de algunos amigos de Santiago.
En algún momento del festejo anoche me preguntó un hermano del teologado:
- Compártenos algo ¿qué has aprendido estos 41 años?
- Compártenos algo ¿qué has aprendido estos 41 años?
y como padezco de analfabetismo emocional contesté algo así como:
- que no hay necesidad de esperar o programar el tener un bloque de tres horas para escribir un ensayo, que se puede hacer un ensayo en varios bloques de 30 minutos.
- Lalo -reaccionó el hermano- me refiero a algo no académico, sino a algo más tuyo, algo más profundo de tu experiencia de vida...
Y no supe muy bien qué decir, en eso llegaron otras visitas, y siguió la fiesta...
Hoy me di un tiempo para escribir algunos de los aprendizajes de mi vida -unos profundos y otros no tanto- y se los comparto con cariño:
¿Qué has aprendido en tus años de peregrinar por este mundo?
He aprendido:
- Que es maravilloso tomar la guitarra y desahogarme tocantando 15 minutos en medio de una semana cargada de compromisos y responsabilidades.
- Que nuestros padres influyen mucho en lo que somos, pero que nosotros siempre podemos elegir qué de lo que hemos recibido queremos vivir y transmitir a la siguiente generación.
- Que si bien es cierto que nosotros no elegimos a nuestra familia, también es cierto que podemos seguirla eligiendo cada día, semana y mes, llamando a nuestros papás y hermanos, haciéndonos presentes de diferentes maneras porque no conviene perdernos del amor y la presencia de nuestros seres amados.
- Que sin importar lo que nos haya sucedido en la infancia y adolescencia, nosotros decidimos qué sueños nos movilizan y qué medios queremos utilizar para alcanzarlos.
- Que los amigos son las personas que comparten con nosotros en las buenas y en las malas; que la amistad es uno de los más grandes dones de Dios en nuestra Vida.

- Que el perfeccionismo y todo tipo de puritanismo o fundamentalismo hacen mucho daño a la persona y a la sociedad que los padece.
- Que amar y servir a los demás (reparador de brechas) en lo que hacemos cada día nos hace más felices que cualquier otra realización.
- Que ser un instrumento de reconciliación y acompañar a otros en su camino espiritual y vital es una aventura increíble que conviene seguir experimentando en clave de "sanador-herido" (Henri Nouwen).
- Que es mejor permanecer en movimiento y volvernos a equivocar que quedarnos estancado por miedo a equivocarnos.
- Que a pesar de las dificultades de la vida, podemos decidir levantarnos y agradecer la oportunidad que nos ofrece cada nuevo día.
- Que, ante nuestras fallas y desatinos, nos hace bien reírnos de nosotros mismos, sobre todo cuando los arranques de perfeccionismo y el mal espíritu quieren hundirnos y paralizarnos.
- Que para ser uno mismo hace falta dejar de lado el deseo de complacer a todos los que nos rodean. Que no tiene caso vivir presumiendo lo que no somos porque es sumamente desgastante y estúpidamente innecesario.
- Que lo que nos hace más felices es simplemente caminar con nuestro Dios y con nuestros hermanos desde nuestra verdad y nuestros claroscuros.
Termino mi compartir con unas líneas de Santa Teresa de Ávila: Nada te turbe, que nada te espante. “Quien a Dios tiene nada le falta. Todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Nada te turbe, nada te espante. Sólo Dios basta”.
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