Tú me creaste y me conocías desde que estaba en el vientre de mi madre.
¿A dónde iré que tú no estés conmigo?
Si subo al escalo al monte más alto, huyendo de mi mismo, ahí me esperas tú.
Si trepo el árbol más grande de la zona para sentirme fuerte, ahí en mi negligencia, y en los dolores musculares, estás tú protegiéndome.
Si voy a la calle en bicicleta, ahí pedaleando vas conmigo.
Si voy a una reunión a casa de CVX, ahí entre los hermanos estás tú.
Si voy a la Facultad de Teología a una clase que me resulta aburrida, ahí, en mi distracción estás conmigo.
Arriba, abajo, al centro y en las orillas de la ciudad, adentro y afuera, a dónde vaya, a dónde esté, ahí estás tú, sosteniéndome siempre.

Si a veces dudo de mi mismo, y de ti, si a veces pierdo la fe en tus promesas, en la posibilidad de que me transformes interiormente, ahí en medio de la niebla, en la cañada oscura de la desesperanza y la desconfianza, tú te haces presente, sales a mi encuentro y me das fuerza para continuar mi camino, aunque no me doy cuenta.

Sienta lo que sienta, piense lo que piense, vaya a dónde vaya, ahí estás tú, prodigándome tus cuidados, sanando mis heridas ocultas, inundándome con tu Amor Incondicional, brindándome tu ternura materna y llenando de esperanza mi corazón. Por todo esto, hoy te doy Gracias, Señor”.
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