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Entradas

Sin hogar

Por María González Gómez. Guadalajara, Jalisco. Abril de 2013 Regresas de viaje y no te sientes en casa, tu anterior paradero tampoco lo era, viajero con rumbo fijo, misionero con itinerario. Muere el espíritu aventurero, dónde quedó la novedad y la mochila que hace de antiguo ropero, un par de botas y un mapa sin ruta. No sientes pertenencia en tus rumbos, la gente que te reconoce en la calle ya no te es más familiar; has dormido al intemperie y ahora el techo te sofoca y las paredes aprisionan.    Sin lugar, porque todo elogio de victoria desmerece, la conquista no es como la pintan: no hay orgullo ni ganancia, fue tan sólo un tiempo compartido, una historia llena de individuos que, como muchas otras, así, pasó de improvisto. Ahora añoras el cielo limpio, aunque lo sigues mirando, aquel era distinto y lo sabes; nunca fue tuyo pero, algo en ti se sentía de él. No más sorpresas por la mañana, aquí el detalle se acaba, hoy sabes que sigue, pues ayer se te anun...

Un pueblo en la montaña: Tzajalchen

Es difícil elegir una historia sobre lo que viví en aquél pueblo en Chiapas, en medio de la Selva y dentro de la montaña. Lo que sé muy bien es que aprendí muchas cosas, aprendimos como comunidad más de la vida, de lo que en toda mi vida en tan poco tiempo pude aprender. En primera, la lección número uno, que reina allá, de forma libre, es el sentido del tiempo. El tiempo transcurre lentamente, es tranquilo, es disfrutable. Allá el tiempo no está peleado como en la ciudad, ahí él no va rápido y no se esfuma, alcanza para todo. El tiempo de ahí se parece a sus personas, a los habitantes de Tzajalchen. Es sigiloso, es confidente, es alegre, es duradero. Las voces de aquellas personas son bajas, como susurros, como secretos que aire puede llevar y traer, que parecieran que se desmoronan; sin embargo, en realidad su palabra es muy duradera, es firme y cierta. La segunda es su caminar, su caminar a pasos largos y duraderos, subiendo montañas, y de diferente...

Misiones Jesuitas Universitarias Tatahuicapan 2012

Testimonio en Misiones Jesuitas Tatahuicapan, Veracruz  Eduardo Anaya Sanromán, S.J.  Enero de 2013 El 15 de diciembre pasado tuvimos un pequeño retiro y capacitación en el Centro Juvenil Vocacional  a un costado del templo de la Sagrada Familia (donde se encuentran los restos del jesuita Miguel Agustín Pro) en la Colonia Roma en D.F. Por la mañana l@s misioner@s reflexionaron sobre las búsquedas e inquietudes que los llevaron a vivir la experiencia de Misiones Jesuitas Universitarias. Antes de la comida el P. Hernán Quezada SJ presidió la Eucaristía de envío. Después de comer los jóvenes salimos del Centro Juvenil para realizar un ejercicio espiritual de contemplación al estilo del Taller “Orar en la Calle” cuyo objetivo era sensibilizarnos de cara a la semana de misiones en Tatahuicapan, Veracruz.  Ya oscureciendo regresaron los cuatro equipos y compartimos en plenario lo que experimentamos. La jornada terminó con una pequeña charla para explicar los Manual...

¿Profesión o Vocación?

Lo que no es vocación •  Realización personal:  “el camino de vida que uno debe elegir para desarrollar al máximo sus cualidades o aptitudes personales” (R. Tupper). Una autorrealización. Visión inmanente, pues no mira hacia fuera: a la sociedad o a la historia. •  Opción altruista.  Cuestión de generosidad. Ser buena persona y lanzarse a buscar el bien de los demás por medio de una profesión o forma de vida. Hay excelente buena voluntad, pero es grande el riesgo, pues fácilmente flaqueamos en nuestros buenos propósitos y llegamos a cansarnos. • Profesión.  Es frecuente reducir el concepto vocación al campo profesional-ocupacional. La orientación vocacional sería una simple ayuda para elegir un oficio o carrera y, lógicamente, se limita a los momentos puntuales en los cuales los jóvenes están en situación de elegir. • Gusto o afición.  Realizar aquello que divierte o fascina. Encontrar un espacio donde expresar las inquietudes y explotar las capacidades...

CÓMO VIVO MI FE ENTRE LOS MARGINADOS

Tenía que recorrer 10 km cada día para ir al cole.  En mi último año de secundaria -cuando tenía 17 años- hubo una gran sequía en la región. La gente estaba amenazada por el  hambre , luchaba por conseguir agua potable y  mi familia  sufría las consecuencias de esta situación. Apenas comíamos una vez al día, ver el arroz  en  la mesa  era como ver al mismo  Dios  y que todos pudiéramos tener una  comida  completa era una experiencia de su  gracia . En aquel tiempo se celebró por primera vez el 'Mercado de fin de semana' a tres km de  mi pueblo . Nuestra vaca podía ser una fuente de  ingresos  para  nuestra familia , así que mi madre la ordeñó para llevar la leche al mercado y venderla.  En media hora vendió la leche, que gustó mucho a sus consumidores. Con el dinero que obtuvo, compró un poco de arroz y verduras frescas y, así, después de mucho tiempo, pudimos tener todos una comida completa. Aq...