Jocotepec, Jalisco / 18 de enero de 2014
Lo encontré al cuarto para las ocho. Bajó de su barca con dos botes repletos de pescados. Una mujer se acercó a él y le ayudó a cargar los frutos de su esfuerzo. Me di cuenta de que el hombre ya era mayor, cuando lo vi caminando con lentitud, algo jorobado y ayudado de un bastón. La mujer tomó los dos botes y empezaron a caminar. A unos doscientos metros de la orilla del lago la mujer y el hombre se detuvieron. Entonces el viejo tomó uno de los botes del piso y comenzó a caminar con dificultad. La mujer cargaba un bote y el pescador cargaba otro. Caminaban cincuenta metros y descansaban. Al llegar a la plaza con piso de cemento la mujer volvió a cargar con los dos botes.
Pensé en que podía ayudarlos para llevar los pescados hasta el camino. Los abordé después de que habían avanzado casi cuatrocientos metros desde la orilla del lago. Por fin me animé, los alcancé en un descanso que hacían. El pescador estaba sentado en una banca y la mujer parada a un lado. Les pregunté qué tipo de pescado era ese.
– Es Tilapia - , respondió el hombre. Me dijo que se le dificultaba cargar porque estaba recién operado del estómago. Se subió la camisa para mostrarme y comentó enseñándome la cicatriz
– Me operaron y me dijo el doctor que no hiciera ejercicio por varios meses. Pero yo no podía estar sin hacer nada y a los nueve días de que me dieron de alta, me puse a trabajar. Entonces me salió una bola, está que tengo aquí. Dicen que es una hernia -
Pedro Me contó que tuvo una esposa, quien falleció hace 13 años. Con ella tuvo 18 hijos, de los cuales 16 se murieron siendo bebes. Solo sobrevivieron dos, una mujer y un varón. Me compartió que estuvo tomando mucho, después de la muerte de su mujer, por el dolor…
- Tomé mucho como tres o cuatro años -, y eso fue lo que le afecto tanto el estómago. Luego conoció a su nueva pareja, Jesús. Ella es la mujer que le ayuda cargando los botes de pescado, de unos quince kilos cada uno. Con ella ha tenido tres hijos, el mayor tiene 7 y el menor 3. Llegamos a la carretera, la cruzamos y le dejé los botes en la banqueta, bajo la sombra de un árbol centenario. Me dijo que allí vendrían por él para llevar los pescados al mercado.
- A qué hora se levanta para entrar al lago. - Me levanto antes de las 5:00 de la mañana, a esa hora ya estoy adentro, jalando las redes. Y me explicó como mientras tiraba de la red iba desatorando los pescados y echándolos en su barca. También me dijo que entraba a tirar las redes un día antes, poco antes del anochecer y que a veces uno de sus niños (que va a la primaria) lo acompañaba.
- ¿Desde cuándo es pescador? – Uy, empecé a pescar como a los trece años, desde chico me iba con mi papá y mis hermanos a pescar.
Charlamos unos cinco minutos y llego un niño - Mira este es mi hijo mayor. Se llama Pedro, como yo.
- ¿En qué año vas? - En segundo.
- ¿Así que tiene cinco hijos vivos? - Así es.
- Papa, la señora quiere 30 pesos de pescado -, dijo el niño entregándole una bolsa de plástico a su papá. En la bolsa Pedro, el pescador, puso ocho pescados.
- ¿De aquí se va al mercado? – Sí, allá llega la gente por el pescado fresco
- Oiga y ¿qué edad tiene? Hubo unos segundos de silencio y luego respondió:
- Ora verá, mire Yo nací en 1939… tengo 75 años.
Texto y fotos: Eduardo Anaya Sanromán, SJ


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