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Vivir es agradecer

Muy querido Lalo:


¿Qué tal va tu semana? Yo sigo bien, aunque mi madre sufrió un percance que me tiene preocupado pues con sus casi 86 años se cayó y se rompió el peroné. Una fractura delicada que la mantiene enyesada e inmovilizada durante un mes. Lo demás, bien.

Aunque a veces veo el mundo tan mal que me pregunto dónde está la causa de que no seamos capaces de mejorarlo y hacerlo más habitable y más justo para todos. Y siempre me acuerdo aquel cuento que habla de la conversación entre un nieto y su abuelo, en la que el niño le pregunta sobre los dos lobos que todos llevamos dentro, uno bueno y otro malo, y la lucha que mantienen entre ellos. La repuesta del abuelo sobre cuál de los dos lobos vencerá, es un fiel reflejo de nuestra condición humana: es el lobo que nosotros alimentamos el que acabará triunfando. Y digo esto porque siempre me han impresionado las personas que se han levantado tras la caída, que han perdonado tras la ofensa, que han seguido luchando a pesar de las adversidades, que han torcido la mano al destino, que no han hecho de sus debilidades, carencias e imperfecciones, una excusa para quedarse sentados o para no desarrollar lo mejor de sí mismos. He visto esta semana pasada una interesante película, desde luego no la mejor de su director, pero digna de verse: “Invictus” (título que hace alusión a un poema del poeta inglés William Henley y que Mandela leyó e interiorizó durante sus 27 años de prisión, y que te adjunto al final de este mensaje), del genial Clint Eastwood, que nos cuenta algunos episodios de la vida del líder sudafricano Nelson Mandela, en concreto el referido al Mundial de Rugby del año 1995, cuando Mandela, tras pasarse 27 años en la cárcel por su oposición al apartheid que segregaba a los negros, llegó a ser presidente de su país. Mandela, genialmente interpretado por Morgan Freeman, utiliza el rugby como un catalizador de su proyecto de reconciliación entre los sudafricanos, y su alianza con el capitán del equipo, Francois Pienaar, interpretado también de forma magistral por Matt Damon, dará sus frutos, ganando la selección sudafricana un Mundial que nunca hubieran soñado ganar y menos frente al poderoso equipo neozelandés. Aunque no es una película extraordinaria como otras de Eastwood, me parece muy interesante porque transmite unos valores que pueden servirnos a nosotros siempre y nos muestran a una persona extraordinaria, un auténtico líder moral para Sudáfrica y para el resto del mundo. Un hombre que fue capaz de perdonar a pesar del daño que le hicieron, que no hizo de la venganza la enseña de su poder, que entendió que la política es el arte de servir, de contar con todos, y que sólo el ejemplo propio es fuente de humanidad y credibilidad. Mandela no era perfecto, era humano, pero no dejó que su lobo malo alimentara el odio, dejó crecer lo mejor de sí mismo, alimentó la cercanía a las personas, la humildad, la capacidad de ver lo bueno de todos, la cercanía y el respeto a todos como arma de reconciliación y de la capacidad de esfuerzo y superación como lema que conduce al verdadero triunfo. Líneas de acción de un referente moral, de un líder humano para estos tiempos de relativismo y de tentación de instalarse en el poder, no para servir al bien común, sino para servirse de él y ejercerlo como instrumento de propaganda ideológica para beneficio de unos pocos. ¡Qué bien nos vendría poner en práctica los consejos de Mandela que te adjunto junto al poema antes referido. Espero que te gusten y nos ayuden a los dos a llevarlos a nuestra vida cotidiana.


Hermoso testimonio que al menos a mí me anima a seguir cuidando y alimentando el lobo bueno que hay en mí, que es mucho más importante y desde luego más sobresaliente que ese lado oscuro que a veces intenta desviarme de las opciones que libremente he elegido de ser radicalmente una persona de bien. Como lo hace la ONG católica Manos Unidas, que esta próxima domingo volverá a realizar su famosa Campaña contra el Hambre, un auténtico modelo de cómo compaginar Solidaridad y Proyectos de Desarrollo, y que permanentemente nos recuerdan la situación dramática de millones de personas que mueren todavía en el mundo para vergüenza nuestra, que a veces nos quejamos y no valoramos lo que tenemos. Ahí están Haití, gran parte del continente africano, zonas de Asia y Latinoamérica, bolsas de pobreza en nuestro Primer Mundo, que nos recuerdan lo mucho que tenemos todavía por hace, y también la mucha gente comprometida por solucionarlo. Y ya que vamos a celebrar el próximo domingo el Día de San Valentín, patrono de los Enamorados, no viene mal traer a nuestra memoria que el verdadero amor no es sólo una emoción romántica pasajero, sino un compromiso real a favor de un proyecto común abierto y no excluyente, un proyecto que incluye la decisión de colaborar en la mejora de este mundo y en hacer felices a quienes nos rodean y nos necesitan.

Entre estos necesitados están los enfermos, cuyo día internacional celebramos hoy 11 de Febrero, festividad de la Virgen de Lourdes. Una buena ocasión para ser conscientes de una realidad que podemos tener muy cercana, en nuestra propia persona o en nuestro propio entorno. Y una consigna: luchar, siempre luchar, nunca perder la fe.

También se oye decir hoy en día que además estamos en una sociedad enferma. Enfermedades físicas, psíquicas, morales, personales, familiares, educativas, políticas, sociales o espirituales. Enfermedades que son llamadas de atención de nuestro cuerpo o de nuestra alma. Ocasiones para sacar lo mejor de nosotros mismos y para agradecer lo que tenemos, como nos sugiere el adjunto que te envío y que nos invita a no quejarnos ni lamentarnos siempre, a valorar más las cosas sencillas de la vida como es la salud, a ser más agradecidos con Dios, sea cual sea la imagen que de Él cada uno tengamos, y con las personas que nos aman y nos cuidan. Es también síntoma de que algo en nuestra sociedad no va bien, cuando vemos que la soledad nos acorrala, la insensibilidad nos deshumaniza, la incomunicación nos aísla, las rupturas se multiplican, el egoísmo ahoga muchas veces las voces de nuestro corazón que busca llenar un vacío que las cosas materiales no logran llenar, y una crisis económica y moral que nos interpela en nuestro estilo de vida y pone a prueba nuestra fortaleza y sensibilidad como personas y como colectivo político y social. Pero no es hora de lamentos, es hora de potenciar todo lo mejor que hay en nosotros, mirando hacia delante, siguiendo en la lucha y en esfuerzo de superación, mirando a nuestro alrededor con unos ojos iluminados por la compasión solidaria, unos brazos extendidos en acogida fraterna, un corazón que lata al ritmo de los más necesitados de amor, unos pies decididos a marchar por la justicia y la paz, unos labios que sonríen y expanden humanidad amable y esperanza combativa. ¿Nos animamos tú y yo a sanar estas heridas en los pequeños gestos de este día y de esta semana? Cuentas con mi oración, como mi apoyo, cariño y ánimo aunque estemos en la distancia, con la certeza de que estamos en la dirección correcta que conduce a la felicidad.


Que tengas una semana llena de lo mejor de ti mismo. Que en tus labios abunde la palabra “gracias”. Recuerda que la oración, la meditación, la reflexión, la lectura sosegada, la mirada contemplativa y asombrada, son un regalo para el alma y un descanso para el cuerpo, y sobre todo, una fuente de armonía y de paz interior, que sin duda serán beneficiosas para tu entorno más próximo y para la tierra entera. Haz pequeños gestos de solidaridad cotidianos, no hace falta que sean muy grandilocuentes: un abrazo, un tiempo de escucha, una palabra amable, un hombro ofrecido para consolar, un voluntariado gratuito, una limosna a alguien necesitado, una sonrisa, un agradecimiento, unas sencillas letras de cariño. Tantas pequeñas cosas que hacen la vida y sostienen la felicidad. ¡Ánimo y no dejes que las dificultades o problemas te desborden o paralicen, salta por encimas de ellas y conviértelas es desafío y oportunidad! Sé que no es fácil la vida y que a veces se nos complica o la complicamos, pero lamentarnos tampoco soluciona los problemas. Recuerda que nunca debemos darnos por vencidos, al menos sin haberlo intentado una vez más.


Gracias una vez más por tu cariño, tu amistad, por leerme, por valorarme, por dejar que mis palabras pasen de tus ojos al corazón, porque invisiblemente siempre estás ahí, por compartir conmigo el sueño y la decisión de mejorar nuestro mundo y a nosotros mismos. Y que esta semana de Carnaval que se avecina, en vez de ponerte máscaras y disfraces, que por lo demás es divertido y saludable, , simplemente sé tu mismo, entrega lo mejor de ti, rompe barreras, no tengas miedo a expresarte como tú eres, sácate las caretas que te impiden decir lo que piensas y soñar lo que quieres, esas caretas tristes que no dejan traslucir la bondad y la belleza que habita en nuestros corazones. No olvides, como cantaba Celia Cruz, que la vida es un carnaval, que las penas se van cantando, y que hay que gozar y disfrutar de todo lo bueno, lo hermoso, lo humano, lo noble y lo divino, y sobre todo de ese placer tan antiguo y nuevo que es AMAR. ¡Feliz Carnaval!

Tu amigo siempre.

Diego.
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