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Crucero Espiritual Puente Grande 2/8


Día 2. Ubicación existencial. Día de Reyes. 6 de febrero

Hoy contemplé el primer amanecer desde la parte más alta de la cubierta del crucero. Hacía frió pero yo sentía mi corazón caliente. Todavía se alcanzaba a ver la costa de la que zarpamos. La mayoría de las luces del puerto seguían apagadas. 
 
En este Crucero Espiritual cada quien va trayendo a la memoria su historia, va entrando en su interior y escuchando poco a poco al propio corazón. Hay algunos que tienen días soleados y mareas tranquilas, mientras que otros pasan por terribles tormentas eléctricas y son golpeados por olas gigantescas. En la “noche oscura” varios prefieren continuar navegando; pero hay otros que deciden – tristemente- descender del barco en el puerto más próximo. Y es que somos tan diferentes, como diferentes son nuestras historias. De modo que nadie puede juzgar a otro pasajero por la decisión tomada, sea que se baje o que permanezca en el crucero. Cada cual tiene su propio tiempo para buscar y encontrar su Tierra anhelada.

Después del desayuno le conté a mi capitán que tuve unos sueños extraños por la madrugada y me recomendó que no tratara de interpretarlos sino más bien de orarlos y ponerlos frente a Dios. Eso es lo que haré.
Llego a este 
viaje (Ejercicios Espirituales) con sentimientos encontrados. A ratos muy agradecido por la consolación intensa del Mochilazo[1], mi visita a Tabasco y a mi familia en Lagos y Querétaro, y a ratos  desganado, nostálgico por lo que he dejado otra vez (familia, amigos, independencia…). Vengo de ver diferentes realidades que me confrontan por su enorme contraste. Por un lado, la pobreza y la marginación de los hermanos tzeltales en Chiapas (especialmente de la comunidad de Tzubutel) y el encuentro fraterno con los buscadores del Dios de la Vida, mis hermanos peregrinos del Mochilazo. Y por otro la realidad de la clase media mexicana, en la que se encuentra mi círculo social original, en el que tenemos acceso a la educación y a la salud privadas, mejores oportunidades de trabajo y la posibilidad de vacacionar en la playa cada año, entre otras cosas.

Estos contrastes me confirman en la noción de que no existe algo así como un México, sino que hay muchos Méxicos. Y  yo soy testigo de que el México de los pueblos originarios es muy diferente al de los mestizos que habitamos las ciudades medias y grandes. El México de los municipios de Tabasco no es el mismo que el de Villahermosa la capital. El México de la Sierra de Veracruz no es el mismo que el del Puerto o el de Xalapa. El México de los cortadores de caña en las galeras de Nayarit (en su mayoría guerrerenses y oaxaqueños) no es el mismo que el de Tepic. Hay, pues,  muchos Méxicos…

Comencé así mi viaje espiritual, con la consciencia de la enorme disparidad  económica y social de las diferentes ciudades y pueblos que visité en diciembre 2011: Aguascalientes, Ags; San Luis Potosí, SLP; Fresnillo, Zacatecas; Tancítaro, Cherán, Morelia, Michoacán; Chiapas, Plátano y Cacao, Tabasco; Puerto Vallarta y Lagos de Moreno, Jalisco;  Querétaro, Qro; y León, Guanajuato.

Una de mis alegrías en diciembre fue que regresé a Tabasco después de casi cuatro años (prenoviciado). Tuve la oportunidad de compartir buenos momentos con la comunidad jesuita de la “Parroquia de San José y Nuestra Señora de los Remedios”, y también la fortuna de visitar la comunidad “González primera” en la que viví experiencias que me marcaron de por vida en 2007-2008. Comí con la familia que me recibió en su casa, visité algunas familias, y en la noche del 24, estuve con todo el pueblo celebrando la Misa. El padre “Pirri” me permitió dirigir unas palabras a los congregados. Fue un mensaje de agradecimiento por tantas bendiciones recibidas a través de ellos en mi prenoviciado y de aliento para este año que comienza.

Muchas cosas pasaron en el 2011 que ya terminó. Cursé el segundo y tercer semestre de la licenciatura en Filosofía y Ciencias Sociales; en Semana Santa estuve de misiones en San Luis de la Paz, Guanajuato; volvieron los viejos demonios de la competencia y la comparación; investigué sobre la Explotación Sexual Infantil en México[2]; seguí participando en el equipo de la Red Juvenil Ignaciana de Occidente, en Agosto me cambié de comunidad y llegué a la casa “14”, me alejé de algunos hermanos y me acerqué a otros…

            Recuperé algunas de las mociones principales del año: ante la prisa y el activismo, la pausa y la respiración para conectar conmigo y con Dios. Ante la imagen y el ensimismamiento, ver y escuchar al otro, ubicarme como hermano. Ante el miedo a la crítica, compartir, ayudar, actuar espontáneamente, sin pensar tanto… La pregunta resurge: ¿Dónde está tu corazón Lalo? y la respuesta me deja algo insatisfecho.

Le pedí a Dios que me permita ver y reconocer mis fallas, mis actitudes egoístas, pero no sólo eso, sino que también clarifique los medios concretos para ordenar mis afectos. “Dame la gracia para seguir caminando como jesuita, si es tu voluntad. Yo te quiero abrir mi vida, mi corazón, con todas mis debilidades, con mis logros y fracasos, con mis ganas y con estas heridas… Abre mi corazón y haz que eche raíces en Ti”.“Examíname oh Dios – mira mi corazón -, ponme a prueba y conoce lo que siento. Fíjate si es que voy por mal camino – y guíame por la antigua senda”. (Sal 139,23)

Y las luces empezaron a llegar. Leyendo el Génesis encontré una nota en la Biblia Latinoamericana que confrontó mi tendencia activista: “Dios nos enseña a descansar. Sabe el peligro que hay para nosotros en hacernos esclavos de nuestras actividades, de modo que no veamos más que el exterior de ellas, olvidando que todo es para Dios. Un día, de siete, le está consagrado para detenernos, acallar nuestras preocupaciones, mirar a nuestros familiares y relacionar todo lo que hacemos con la venida del Reino de Cristo. (Biblia Latinoamericana,1974: 14) 

Otro de los frutos de este día fue ver todo lo bueno que hice durante el año. A veces tendemos a ver sólo lo negativo. Somos jueces muy duros de nosotros mismos. Una mirada negativa siempre provoca insatisfacción. Necesitamos reconocer todo lo bueno que hay en nuestra vida, ver, agradecer y valorar todas las cosas que hemos hecho por los demás y, en última instancia, por Dios. 

Por la tarde me llamó la atención un versículo en el que Dios le habla a Ananías para que vaya a quitarle las escamas que le impedían ver a Pablo: “Anda, pues este hombre me será un instrumento muy valioso y dará a conocer mi nombre, tanto a los paganos y a sus reyes como al pueblo de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que sufrir por mi nombre” (Hch 9,15)

Bueno, pues son las 11:00 p.m., hora de dormir. Me voy a la cama después de ver esta preciosa luna llena. Me preguntó si en tierra también verán la luna y las estrellas como los que vamos en este crucero.
Mañana será un día emocionante. Dejaremos la cosa para internarnos en Mar Abierto y los de mi grupo haremos nuestra primera inmersión. Estoy algo nervioso. Bajaré a la profundidad de mi mismo para reconocer la causa de mis fallas y sus consecuencias.


[1] Mochilazo jesuita 2011, en http://www.vocacionesjesuitas.org/vive/mochilazo-jesuita.html
[2] La Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes es un fenómeno real en nuestro país, por más que queramos invisibilizarlo los gobiernos y la sociedad civil. Tenemos mucha terea en este rubro.
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