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El abrazo

Por Luis Manuel Vizcaino Guevara SJ

La experiencia que para mí es básica como comunicadora de afecto y amor, y con la que me relaciono con más frecuencia, es el abrazo; parto de esta experiencia para entrar en el acto de abrazar y así hablar de ella. Este ejercicio lo haré desde el método de Bergson, desde la intuición, entrar en este acto y decir algo de él.

¿Qué es el abrazo?

Un abrazo “es la acción de abrazar, estrechar entre los brazos”[1] algo o a alguien, abarcar con los brazos. El abrazo es a fin de cuentas un acto físico, donde se vuelca la afectividad y se expresa en el acto de tener y sentir cercanía. Necesariamente implica cercanía física el abrazo, porque no se puede rodear con los brazos, sin acercarse, sin disponerse a dar algo de calor humano, y de este modo transmitir lo que se experimenta en esos momentos.
El abrazo implica el acercarse al otro, y bien realizado llega a ser un acto de encuentro con el otro o con las cosas de un modo muy profundo; me atrevería incluso a decir, que es una manifestación de la aspiración de encuentro y fusión, de dar algo muy propio y sentir a la vez a la otra persona o cosa.

¿Qué es lo que se abraza?

El abrazo del hombre no puede ir sino con una carga muy fuerte de afectividad, de lo que se es, por eso el abrazo que realiza el ser humano, es más profundo en las personas, ya que ambos tienen contenido fuerte de esta afectividad y transmisión de lo que experimentamos como seres humanos. Para defender este encuentro y esta carga profunda de afectividad pondré como argumento, que aún en un abrazo, que sale de la fuerza, y que no pasa de ser unas palmadas y un encuentro que parecería vacío, está este sentimiento de rechazo, muy propio de nosotros como personas.
No solo abrazamos a las personas, sino que muchas veces recurrimos a objetos, animales, etc. Volcamos nuestra afectividad y deseo de contacto a un muñeco con gran valor, por lo que representa, o a un perro que convive con regularidad con nosotros, en busca de esa acogida y amor que tanto se necesita; se abraza siempre en busca de algo.

¿Por qué y cuándo abrazamos?

El abrazo es un acto físico, pero no se puede abrazar sin ningún contenido afectivo, no podemos sentir al otro, sin experimentar algo interno. Precisamente como dije antes, siempre se busca algo y se da algo en el abrazo.

Podemos buscar desde el dar a conocer la importancia del otro para nosotros, o dar a conocer que sentimos su dolor, o buscar dar ánimo, no todos los abrazos son iguales. Al ser seres sentientes, tenemos necesidades que cubrimos con el otro, en relación con el otro.

Al dar a alguien un abrazo, se expresa una no indiferencia y un aprecio grande que parte desde el ser conocidos a una relación de amistad o incluso un amor de pareja, en estos casos, el abrazo, tiene un contenido interno de ternura, acogida que se comunica incluso con un mayor calor corporal, se le dice al otro que se le quiere y vuelcas tu persona en el otro, este momento es común en amigos muy íntimos o novios.

El abrazo que damos ante el dolor del otro, busca dar apoyo, acogida, comprensión y ánimo en momentos de adversidad, además de recordar la importancia que tiene esa persona para nosotros. Es un momento de profunda intensidad en el que se transmite un cariño y apoyo incondicional, este abrazo tiene un significado grande para el que lo da y para el que lo recibe, y transmite un calor humano que reanima y da esperanza de que la vida sigue y no se queda ahí.

Existen abrazos con un contenido de hipocresía, donde indigna la prostitución con la que se manifiesta, ya que prostituye este acto humano de amor y lo convierte en un mero formalismo, al pensar en este tipo de abrazos nos podemos remitir a los políticos, a las relaciones forzadas, pero se da con mucha frecuencia en nuestra realidad; y la invitación es a poder salir del formalismo e ir al amor y la comunicación.

El abrazo ha ido más allá de estos dos grandes momentos, donde la afectividad que expresamos es alta, ya que tiene una connotación cultural muy fuerte, tal es el caso de nuestra cultura occidental, donde vemos que es difícil el aceptar un abrazo entre hombres, porque vamos cargados de prejuicios, solo es aceptado en los momentos de más afectividad; y en algunos casos, ni siquiera en esos momentos.

Comenté anteriormente la experiencia del abrazo a objetos o animales, donde no se obtiene esta retroalimentación en este acto de amor y entrega, pero el sentido es que el objeto, el animal, lo que tenemos enfrente posee un valor simbólico que ayuda a satisfacer las necesidades, solo así toco la realidad de que la cosa no es solo lo que es, sino todo con lo que es cargada, puede ser el regalo de la madre o algo que recuerde el momento de gran alegría. Por eso estos abrazos expresan mucho de la persona y de su necesidad.

¿El abrazo es comunicación?

Un abrazo posee una gran carga de afectividad, de sentimientos, deseos, anhelos, necesidades. Nosotros como personas expresamos toda esta carga en el abrazo, y digo expresamos, porque en efecto, transmitimos esto aún sin palabras, porque al sentir al otro, podemos percibir que tiene, que busca, podemos, dar paz y comunicar el apoyo que otorgamos a los otros. El abrazo es comunicación y una comunicación que llega a ser más profunda que las palabras, porque podemos mentir y ocultar cosas, pero en el encuentro profundo encontramos eso que callamos.

Conclusiones

Por todo esto podemos concluir que el abrazo es una acción, no nos podemos quedar en el hecho de rodear con los brazos, en el contacto físico que se produce, sino que somos invitados a ir más allá, a volver a la experiencia y reconocer que en esto volcamos gran parte de nuestra afectividad y sexualidad y que este acto humano comunica al otro lo que experimentamos o sentimos.

En lo personal como religioso me parece fundamental, esta entrega y este modo de relación que alienta, que apoya, comunica y acerca al otro; por eso debo defender que el abrazo dirá algo y será una mutua donación, donde se dará como dijo San Ignacio: “lo que se tiene y puede”[2], y se comunica con algo más que palabras.

Bibliografía:
· 
Iglesia, Manuel. 1991. (2004). Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Obra Nacional de la Buena Prensa A.C. México, D.F.
· Real Academia de la Lengua Española.



[1] Real Academia de la Lengua Española (RAE)
[2] San Ignacio, Ejercicios Espirituales, Número 231.
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