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Mexicanos al desnudo

Y retiemble en su centro la tierra... 08.05.07

Por Eduardo Anaya Sanromán

¿Que motivaciones profundas tendrían las veinte mil personas que acudieron al Zócalo del DF en la madrugada del domingo para salir en las fotos del neoyorquino Spencer Tunick?

¿Rebeldía? ¿morbo? ¿diversión? ¿hastío? ¿un escape de la rutina? ¿una simple distracción? Seguramente nos encontraríamos con muchas respuestas. Sin duda que no hubo un motivo específico sino que fue una mezcla de estos factores psico sociales la que llevó a miles de jóvenes y adultos a participar con su desnudez sobre la plancha donde terminan las principales manifestaciones de nuestro país frente al palacio nacional y la catedral metropolitana.

Yo me pregunto: ¿Las personas irían realmente por la foto?; ¿Habría algunos que se presentaron porque perdieron una apuesta?; ¿Acudirían solo buscando ser parte de la historia?; ¿Querían asegurarse de que hay otros que también tienen espíritu exhibicionista? O es algo más profundo: ¿Querían saber que se siente estar encuerado entre miles de cuerpos desnudos? ¿Buscarían enfrentar y eliminar los miedos relativos a su sexualidad y afectividad? ¿Querían experimentar sentimientos nuevos en público para ver como reaccionaban su mente y su cuerpo?

Nunca sabremos a ciencia cierta cual es la razón principal de estas manifestaciones culturales. Ni siquiera estaremos seguros si la buena respuesta que tuvo este acontecimiento histórico es consecuencia de nuestra propia cultura o una consecuencia de culturas importadas.

Lo que es un hecho es que el subconsciente colectivo de un sector del país se hizo presente en el Zócalo de la ciudad de México el domingo pasado. Fueron miles de ciudadanos que tienen algo en común. Pero ¿Qué es eso común que comparten? Esta sería la respuesta a la pregunta que origina este artículo.

Me contó un amigo que participo que mientras el fotógrafo intentaba poner orden para tomar sus fotografías y romper el record mundial, miles de encuerados gritaban al artista consignas tales como: “órale cabrón, apúrate y toma la pinche foto” “tenemos frío, ya tómala chingao”; A la Iglesia gritaban: “Norberto Rivera, el pueblo se te encuera”; y a las damas: “Ay mira nada más que ballenota”, y el clásico albañilesco: “Ay mamasita... apachurro”

Hay que tomar en cuenta que las fotos se tomaron entre de las siete y ocho de la mañana, así que no sería muy cómodo estar desnudo a esa hora porque en el Df amanece fresco generalmente. Pero aún así, allí estaban estos miles de hombres y mujeres, dispuestos a quitarse hasta la última prenda de ropa para ser parte de algo más grande que ellos mismos. Dice mi amigo que vieron a uno que llego en boxers sobre su moto a las tres de la mañana para hacer la fila. Me imagino el frío que ha de haber pasado por ser “tan moderno” y querer posar al natural.

La picardía es un ingrediente de la personalidad del mexicano y ya me imagino la cara que pondría el buen Spencer Tunick cuando pedía silencio para continuar con su trabajo, y veía que a la raza le valía madres y seguía gritando. Dice mi cuate que Spencer les decía por la bocina: “los de atrás por favor ya acuéstense”, y los compadres seguían cotorreando y viendo a quien se encontraban.

Profundizando...

La sociedad mexicana de antaño se caracterizó por el pudor y la decencia. Este acontecimiento es uno más de los que van rompiendo con muchas de las estructuras mentales y conductuales de los mexicanos del siglo pasado. El pensamiento postmoderno que dicta lo práctico; y el capitalismo funcional que propone al consumismo como medida de felicidad han ido ganando terreno en la vida de los mexicanos.

Es verdad que algunos creen que la sociedad mexicana esta viviendo un despertar. Que nos estamos alineando a las tendencias globales. Que hemos progresado al seguir los patrones sociales de otros países - incluso modificando nuestras leyes - como en el caso de las sociedades de convivencia o la despenalización del aborto. El pensamiento feminista empieza a cosechar triunfos en la legislación de nuestro México.

Las preguntas que me hago son: ¿De verdad vivimos un despertar?. ¿Lo que buscamos y nos sucede es verdadero progreso? ¿Sólo porque otros países marcan tendencias sería correcto seguirlas y cambiar nuestros estilos de vida?

No tengo nada contra las veinte mil almas que dejaron sus ropas en las calles laterales del Zócalo para salir en la foto, pero no me parece que sean un grupo representativo del país. Considero que la mayoría de los mexicanos preferimos vivir en una línea “conservadora” más que en la tendencia “open mind” que ya predomina en muchos de nuestros jóvenes.

Creo que Tunick ha sido muy inteligente al explotar los misterios más profundos del ser humano al convocar - en nombre del arte - a millares de personas en las principales ciudades del mundo, y no me sorprende que lucre y triunfe a partir de la desnudez de ciudadanos de tantas naciones. Considero que todos tenemos un rasgo de exhibicionismo en el fondo de nuestro ser. Muy en lo profundo todos nos queremos compartir, nos queremos dar, queremos que alguien nos conozca y nos aprecie, y desnudarse es una forma de darse y ser conocidos.

Yo respeto plenamente a quienes hayan participado en la sesión de fotografías, sin embargo al cuestionarme porque alguien habría de querer salir en una foto desnudo acabo concluyendo que esta es una forma de rebeldía. Siento que la mayoría de los nudistas querían rebelarse ante algo. Rebeldía que refleja identidad. Los respeto pero creo que hay muchas otras formas de entregarse a los demás y de reforzar nuestra identidad. Tal vez es un mensaje que nos envía una minoría que quiere ser tomada en cuenta en el presente y en el futuro del país. Son miles de casos aislados de personas que están buscando algo y no lo han encontrado, y al congregarse hacen una fuerza y se proyectan como seres humanos naturalmente necesitados de atención.

Los valores que recibimos de nuestros padres, - aún con ciertos matices - serán los valores que nosotros viviremos. Una sociedad que no propone o educa con valores acabará por ver a sus miembros perdidos en cientos de ideologías y sufriendo las consecuencias de muchos errores sociales.

La naturaleza tiene sus normas y leyes. Así también el hombre tiene las propias. La gravedad es una ley de la naturaleza que no podemos olvidar ni cambiar aquí en la tierra. Si abusamos del alcohol y conducimos a exceso de velocidad es muy probable que la ley natural de la gravedad nos cobre su factura en un accidente automovilístico.

De la misma manera, si rompemos las leyes naturales del hombre, tarde o temprano seremos víctimas de nuestras propias decisiones. Aquella frase que sentencia: “En el pecado lleva la penitencia” tiene un profundo alcance y hace alusión a una verdad incuestionable: “La libertad humana es un misterio y un don, con el cual los hombres y las mujeres, podemos construirnos o destruirnos. No hay medias tintas. Del uso que hagamos de nuestra libertad dependerá nuestro destino y el futuro de la siguiente generación.”

En una entrevista que vi por televisión, hecha a una veinteañera fotografiada ella compartía: “Al principio tenía cierto nervio, pero después se me quito, porque en cosa de 15 segundos estábamos todos desnudos. En esos momentos se diluye la fama, se diluye la escolaridad, la edad, el color de la piel... todo se diluye. Es algo que sólo puede entender bien quien lo ha vivido”.

Esto me hace preguntarme. ¿Para que buscar diluirnos?, ¿por qué tener que hacer algo igual que los demás para ser yo? ¿No es un problema de falta de identidad? Me hace pensar que más que arte fotográfico se trato de un fenómeno de masas. Lo más probable es que haya sido las dos cosas. ¿Será que algunos fueron porque se sienten hombres y mujeres incompletos y que tienen que reunirse para justificarse?. ¿Es la misma historia de las pandillas de adolescentes que hacen cosas en grupo que nunca harían solos? ¿Por qué no ser auténticos?

Creo que Dios, desde el cielo, vería con ternura a todos los desnuditos del Zócalo y diría para sus adentros: “Ay mijitos, que curiosos son, ¡como inventan cosas! ¿Porque no buscan la verdad en su vida? ¿Quién les dijo que desnudarse les haría mejores personas?, ¿Porque no me buscan en la gente que los rodea? ¿Por qué no se reconocen y me encuentran en las cosas ordinarias de la vida?

No pretendo satanizar este acontecimiento “artístico” ni mucho menos juzgar a todos estos hermanos míos que se desnudaron, no es el caso. Mi intención es más bien reflexionar sobre cuáles son los valores en los que esta sustentada la sociedad mexicana, y en descubrir cuáles son los nuevos valores que estamos adoptando. Es necesario desenmascarar los nuevos valores, actitudes y patrones de comportamiento para saber si nos hacen bien o nos lastiman como pueblo Mexicano.

Yo tengo mi opinión, pero lo que vale es la Verdad...

¡Y la Verdad hay que encontrarla juntos!

El que tenga oídos para oír, que oiga.

Eduardo Anaya
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