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El «no» de la Iglesia al aborto es un «sí» valiente y decidido a la vida

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Autor: El Observador

TEHUACAN, lunes, 19 marzo 2007.- El debate sobre la despenalización del aborto en la capital de la República Mexicana, se ha extendido a todos los rincones del país. Por este motivo, El Observador ha realizado una larga entrevista con monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacan y presidente de la Comisión Episcopal de Familia, Juventud y Laicos de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

¿Cuáles serían las consecuencias de la despenalización del aborto en la capital, para el resto del país?
Monseñor Aguilar Martínez: En la realidad de México, lo que sucede en el Distrito Federal sirve como ejemplo a seguir en el resto del país. En el anterior gobierno federal, los criterios venían marcados por la Secretaría de Salud; ahora parece que las cosas han cambiado: la Secretaría de Salud está manejando una postura más firme en la defensa de la vida humana, pero ha dejado que sean el Distrito Federal y los estados quienes discutan y legislen al respecto para sus propios territorios.

¿Hay alguna «transmisión de ideas» en este renglón a los demás congresos de los estados? Monseñor Aguilar Martínez: El tema del aborto que está discutiéndose en el DF, nos interesa para el resto del país no sólo por esa cadena que se puede provocar a nivel nacional, sino por la gravedad misma del aborto, donde quiera que se pretenda legislar sobre él.

El aborto provocado, es la muerte deliberada y directa de un ser humano en cualquier etapa que va desde la concepción hasta el nacimiento. Quienes pretenden despenalizar el aborto para defender los derechos de la mujer, con eso están matando a otro ser humano y sus derechos; y se trata del ser más indefenso, sujeto enteramente a lo que los ya vivos decidan respecto a él. Por eso el aborto es un verdadero crimen.

La postura de la Iglesia católica, ¿es puramente de fe o, igualmente, posee bases científicas sólidas?
Monseñor Aguilar Martínez: La postura de la Iglesia católica no es solamente de fe, sino que está sustentada en claras y precisas bases científicas. Hay cuatro hechos demostrados por la ciencia: primer hecho, cuando la célula femenina -o sea el óvulo- queda fecundada por la célula masculina -o sea el espermatozoide- se tiene la concepción. El óvulo fecundado por el espermatozoide se llama cigoto y es un nuevo embrión, o sea un organismo nuevo, el cual, aunque se va gestando dentro del cuerpo de la mujer, tiene un patrimonio genético diferente del de la mujer. Segundo hecho científico, este organismo pertenece a la especie biológica humana, basta analizar el número y la naturaleza de los cromosomas. Tercer hecho, el cigoto es un organismo programado, que no es simplemente la suma de los códigos genéticos del papá y la mamá, sino que es un ser con un proyecto y un programa nuevos, que no ha existido antes y no se repetirá jamás. En ese programa genético están las características del nuevo individuo, por ejemplo la estatura, el color de los ojos, hasta el tipo de enfermedades genéticas a las que estará sujeto. Cuarto hecho, la ciencia dice que el crecimiento del embrión se da de modo coordinado, continuo y gradual; sin saltos cualitativos y con diferenciación progresiva que da origen a la formación de los tejidos y los órganos.

¿En qué tiempo ocurre dentro del vientre de la madre?
Monseñor Aguilar Martínez: El desarrollo y la diferenciación del embrión son muy rápidos. A las cinco semanas de su concepción, el embrión humano apenas mide un centímetro, pero diversos órganos ya han empezado a tomar forma. A los dos meses la forma del cuerpo ya está completa. En adelante no necesitará más que refinar sus funciones y crecer. De los dos a los nueve meses multiplicará veinte veces su estatura y mil veces su peso. El desarrollo continuará después del nacimiento, durante toda la vida. Si los legisladores pretenden despenalizar el aborto antes de las catorce semanas, que adviertan los datos de la ciencia en esa etapa de formación del embrión. Sencillamente, que observen lo espeluznante de las fotografías o videos de un aborto provocado.

¿Hay posibilidades de influir entre los legisladores?
Monseñor Aguilar Martínez: No veo, personalmente, mucha posibilidad de diálogo con los legisladores más aguerridos en la intención de despenalizar el aborto. Si se pudiera abrir a un plebiscito, espero que la ciudadanía participe amplia y sensatamente, con verdadero criterio humano.

La postura de la Iglesia, ¿se sigue tomando «como una imposición»?
Monseñor Aguilar Martínez: Al reiterar la postura de la Iglesia católica, no pretendo imponer esta doctrina, sino hacer ver cómo se fundamenta, acentuando el aspecto científico. El aborto no es válido en ningún caso; porque se trata de una nueva vida humana, que ya tiene derecho a nacer y vivir. Ni siquiera es válido el aborto cuando ha sido por violación: en este caso hay que castigar al violador y ayudar a sanar biológica, psicológica y moralmente a la mujer violada, pero favoreciendo que concluya su embarazo y si no quiere quedarse con su criatura, que la pueda dar en adopción.

¿Advierte usted un sesgo pernicioso en el uso del lenguaje por parte de los legisladores pro-aborto?
Monseñor Aguilar Martínez: Sí, ésa es otra situación que se está dando, ya desde hace tiempo, que se va cambiando el significado de los términos; por ejemplo se pretende hablar de embarazo hasta que el óvulo fecundado se implanta en el útero; sin embargo la ciencia ya ha definido que el embarazo se da con la fecundación o concepción misma, sin esperar a la implantación del embrión.

¿A la Iglesia se le seguirá tachando de «negativa» por posturas como ésta?
Monseñor Aguilar Martínez: Cuando la Iglesia católica sostiene un «no» decidido al aborto, es porque está sosteniendo un «sí» valiente y firme a la vida, especialmente de los más indefensos que no son las mujeres, sino los bebés que se están gestando en el vientre de las mujeres.

¿Sigue habiendo excomunión para quienes permiten el aborto? Monseñor Aguilar Martínez: Para ratificar la defensa de la vida humana desde la concepción y, por lo mismo, para reafirmar la gravedad de quien atenta contra esa vida humana del más indefenso, la Iglesia sostiene la excomunión automática para quien procura el aborto y que éste se produzca.

Dicen los legisladores del Distrito Federal que se trata de evitar la muerte de mujeres que abortan clandestinamente: ¿es ésa la solución adecuada?
Monseñor Aguilar Martínez: La solución para que no aumenten las muertes de mujeres por abortos clandestinos, no es legalizar el aborto; esto sólo provocará mayor cantidad de embarazos no deseados, más riesgos de infecciones y de VIH-SIDA y, en general, mayor degradación de la dignidad humana.
La auténtica solución es revalorar la dignidad humana, incluida la sexualidad, la cual no consiste solamente en cuerpo, emociones y placer; sino que incluye a toda la persona en sus aspectos biológicos, psicológicos y espirituales. La sexualidad implica nuestro modo de pensar, de reaccionar y de actuar como varones o como mujeres. Cuando la sexualidad incluye la genitalidad, es porque la unión de cuerpos y de corazones quiere abrirse a la posibilidad de una nueva vida humana, participando entonces en la colaboración de la «obra maestra de Dios», que es un nuevo ser humano.
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